Nuestros vinos vienen marcados por las duras condiciones climáticas que definen el crecimiento de la uva que lo forma. La zona vinícola de la Rivera del Duero posee un clima continental mediterráneo, una meteorología extrema que provee de veranos secos e inviernos largos y duros. Hay pocas lluvias y una gran amplitud térmica, que va de los -24º C a los 42º C. A consecuencia de todo esto, se produce una uva especial, de piel gruesa, pequeño tamaño y maduración lenta y tardía.
La región productora de vides está situada entre los 720 y los 1100 metros de altura. Esto los convierte en unos de los viñedos a mayor altitud del hemisferio norte. Esta circunstancia ha formado un suelo extraordinario, integrado por diferentes capas de tierra arcillosa, con alternancia de franjas calizas y concreciones calcáreas. Y es que, cada palmo del terreno de nuestras viñas aporta notas de sabor diferente a la uva que crece en ellos:
- Suelos arcillosos: Integrados por granos finos que retienen la humedad. Aportan estructura y carácter.
- Suelos calizos: De color blanco y rico en sales. Proporciona elegancia y complejidad.
- Suelos Pedregosos: Rocas de variado tamaño sin capacidad para retener el agua. Dan madurez y melosidad.
La principal uva utilizada en nuestros vinos es la variedad Tempranillo, también llamada Tinta del País o Cencibel. Esta variedad, principal en el vino Ribera de Duero, es hija de un territorio severo, de clima duro. Produce un mosto equilibrado en color, azúcar y acidez. Posee un paladar franco cuando es joven, pero aterciopelado al envejecer.
También se cultivan las variedades Cabernet Sauvignon, Merlot, Malbec y Garnacha Tinta. Para el blanco, se utiliza la variedad Albillo Mayor.